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Etiqueta: decoracion

Echa un vistazo a las más recientes creaciones del diseñador francés por excelencia; se trata de espacios útiles ganados en la estructura del objeto.

Phillipe Starck siempre ha destacado por lo poco común de sus ideas y creaciones. Algo que lo identifica es haber hecho triunfar las sillas apoyadas en tres patas; las butacas con un círculo como respaldo y por idear los primeros hoteles de diseño. Y ahora quiere hacer triunfar los agujeros. Y en esta iniciativa no se encuentra solo, el coloso del diseño contemporáneo francés está creando escuela.

Los agujeros de Starck no son ni bromas ni ornamentos, son espacios útiles ganados a la estructura del asiento que, en el caso de las butacas Magic Hole (agujero mágico), que este año ha presentado la empresa Kartell, funcionan como revisteros. La silla, también en versión sofá de doble plaza, está realizada en polietileno, y más allá del agujero-revistero, el asiento ofrece el abanico de ventajas que Starck sabe exprimir como pocos: es ligera, resiste el agua y los golpes, sirve para interior y exterior. Y funciona igual en jardines y terrazas que en bares de cuidado diseño.

El enfant terrible del diseño holandés, Marcel Wanders, ha querido ir más allá que el francés y ha agujereado una mesa que vende Giulio Cappellini, eso sí, con instrucciones de uso. La idea es que el agujero en el centro de la mesa sirva para esconder los adornos navideños, se pueda utilizar como cubo de basura -para los comensales- o, incluso, para colocar la comida de las mascotas. Parece cosa de broma, pero Wanders ha dibujado todas esas ideas para inspirar a otros. Por su parte, el empresario italiano Cappellini se ha cuidado muy mucho de describir la Drain Table (mesa-sumidero o mesa-escurridor) de Wanders como una mesa-escultura. Producida en aluminio pintado de blanco, rojo o negro y con un agujero en su centro, se vende con un panel de cristal transparente que cubre, por si acaso, ese orificio central.

Los ecos de los agujeros no se han hecho esperar. También el estudio japonés Nendo ha sucumbido a la idea de perforar los muebles para darles nuevos usos. Con todo, han apostado por los agujeros más pragmáticos, y si Starck ofrecía una hendidura para guardar el periódico, ellos piensan en esconder los controles remotos. Con ese fin han agujereado la mesa Dent, que acaba de producir la empresa Arketipo. El nombre es descriptivo, se trataba de darle una dentellada a la mesa para hacer un hueco que sirva para ocultar los controles o mostrar flores. Pragmáticos o surrealistas, cada vez son más los diseñadores que perforan sus muebles y les extraen nuevos usos. Lo que está menos claro es si ese uso añadido fortalece o arruina, si ayuda o perjudica a la función específica original de un asiento o una mesa.

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Arquitectos de prestigio descienden de los edificios para subirse a los objetos cotidianos, como Zaha Hadid y su jarrón para la firma italiana Alessi.

A mediados de los años ochenta Alberto Alessi lanzó al mercado un experimento posmoderno. Encargó a un grupo de arquitectos el diseño de un juego de café. Eran lasvedettes del momento: Michael Graves, Arata Isozaki, Alessandro Mendini, Óscar Tusquets y hasta Frank Gehry firmaron cafeteras. El resultado fue espectacular: en pocas tazas era posible beber. Y sólo una tetera logró no regar el plato y la mesa en su camino hasta la taza (la de Tusquets). Sin embargo, todas se vendieron. La edición limitada se agotó. Y el empresario italiano tomó buena nota. Había descubierto el filón del fetichismo de los arquitectos. Esto es: la capacidad de admirar el diseño de un reloj ideado por uno de los suyos al margen de la precisión del mismo.

Hace 20 años que la firma italiana Alessi investiga con objetos cotidianos ese fetichismo que parece haber traspasado ahora la frontera de la profesión. Los consumidores celebran los pimenteros minimalistas de Peter Zumthor tanto como los platos sinuosos de Maximiliano Fuksas. Hasta tal punto triunfan los arquitectos en Alessi que casi todos han ido pasando por su factoría. Nombren a uno: Future Systems, Jean Nouvel, Kazuyo Sejima, quien menos ha diseñado una cucharita para la colección de la empresa italiana.


Pero Alessi parece pensar que el sello de los arquitectos puede dar mucho más de sí. Sobre todo cuando la marca es muy reconocible. Así, al margen de los encargos a arquitectos de prestigio mundial, ha decidido abrir dos nuevas líneas. A Zaha Hadid le ha encargado una serie limitada de jarrones acabados en oro, Crevasse, que, por 250 euros, entran de lleno en el tan actual design art, el diseño que se vende en galerías.

Y no contento con salir de los grandes almacenes, Alessi se ha atrevido con algo más difícil: ha intentado poner a trabajar a los muertos. Su último lanzamiento es la versión en bolígrafo de las míticas cafeteras La Conica La Cupola del desaparecido Aldo Rossi. Se trata, naturalmente, de una versión de su antiguo ayudante, Claude Zuber, porque, comprenderán, alguien fallecido puede necesitar cierta ayuda antes de volver a diseñar.

Cuenta Alberto Alessi que el diseño se remonta al año 1984. Que fue una idea de Aldo Rossi, pero que entonces su empresa no tenían la tecnología apropiado para desarrollarlo. Hoy lo lanzan, con la tecnología de Mitsubishi, y consiguen, por fin, viajar en el tiempo.

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