Hasta hace poco, el agua estaba considerada como la bebida necesaria pero humilde, de la que tan sólo se diferenciaba si tenía o no gas. Sin embargo, su valor gastronómico ha ido cambiando y ahora mismo se muestra como un producto en alza, que incluso cuenta con su propia carta.
Las tendencias marcan y así, lo mismo que es habitual encontrar una carta de vinos, aceites o cafés, la carta de aguas se ha instituído desde hace ya algún tiempo, siguiendo la línea impuesta en establecimientos de alto standing de Estados Unidos, Francia e Inglaterra.
Poco a poco, resulta más habitual encontrarla en restaurantes españoles, aunque por lo general, suele utilizarla un sector exclusivo de clientes que, al igual que sucede con los vinos, acaban estableciendo unas preferencias que se repiten posteriormente en cada visita y por las que pueden llegar a pagarse cantidades similares al precio de una botella de vino.
Beneficiosas para la salud
Conjuntamente con la carta de platos y la de vinos, estos locales muestran una amplia carta de marcas en la que se especifica la procedencia, el sabor, la composición y propiedades salutíferas de cada variedad. Se trata de aguas que provienen de corrientes subterráneas enriquecidas y que toman un sabor y unas propiedades concretas, dependiendo del terreno por el que pase. Esto hace que posean su propio olor y color además de efectos beneficiosos contra el estrés, el colesterol o la depresión, entre otros. Los expertos afirman que el hecho de que sean fluoradas, arcillosas, alcalina o de alta mineralización sí refleja una diferencia de unas marcas a otras a la hora de degustarlas.
Las cartas de aguas suelen presentar variedades tanto españolas como extranjeras, divididas en función de que se trate de aguas gasificadas o no. Entre las aguas sin gas españolas destacan algunas como Fuensanta (Asturias), Font Vella (Gerona) y Solan de Cabras (Cuenca), esta última con un bajo contenido en sodio.
De procedencia extranjera, en concreto de manantiales del norte de Europa llega la Voss noruega, un agua de gusto claro considerada como una opción de lujo en acontecimientos de prestigio en Londres, que resulta muy apropiada en caso de problemas de riñón. Además, está envasada en un minimalista frasco de cristal cilíndrico que los comensales pueden llevarse a casa. Otra opción es Hildon, el agua que consume la familia real inglesa, una de las mejores de todo el mundo, extraída del manantial Chalk Hills en Hampshire.
En los Alpes franceses nace el agua Evian, la más consumida en Francia. Su inigualable calidad es famosa en toda Europa y su pureza se consigue por los quince años que transcurre en las montañas de los Alpes antes de ser embotellada. Durante el proceso, no sufre ninguna agresión y se mantiene totalmente apartada de la mano humana.
Blu, un agua con efectos diuréticos, procede de Galvanina, uno de los más antiguos manantiales de agua mineral en Italia y está especialmente indicada para mejorar las digestiones. Linx procede de la zona montañosa de los Apeninos italianos y Panna, se envasa tal y como brota del manantial de Scarperia en Florencia, de forma que mantiene intactas sus propiedades fisiológicas, ya que no se somete a procesos mecánicos. Posee un efecto diurético, facilita la digestión por su bajo contenido de calcio y está especialmente recomendada para niños pequeños y mujeres embarazadas.
Envases de diseño
Tau y Ty Nant (ésta también con su versión gasificada) llegan de las montañas Cambrian, en Bethania, en el corazón de Gales. Son aguas de una calidad extraordinaria, esta última equilibrada en contenidos minerales. En 1989 comenzó a comercializarse en una botella de característico cristal azul cobalto, que rendía homenaje a la tradición cristalera de Bristol en 1800 y hoy en día es símbolo de refinamiento en toda mesa que se precie. Otras marcas destacadas son Wattwiller de Ballon des Vosgues en Francia, la tirolesa Oxygizer y Gleneagles procedente de los Highlands de Escocia.
Dentro de las aguas gasificadas se pueden encontrar la clásica Vichy Catalán y Malavella de Gerona junto a Galea y Borines de Asturias. En cuanto a las extranjeras las más demandadas son la francesa Perrier, San Pellegrino, un agua mineral que desde 1899 se envasa directamente en el manantial situado en la región de los Alpes italianos, la versión gasificada de Linx y Apollinaris de Alemania.
En definitiva, el agua se ha convertido en un producto de lujo capaz de romper tópicos como el que dice que no debe utilizarse para brindar. Quién puede resistirse a ello si el producto es la exclusiva Cape Grim, un agua procedente de Tasmania que se recoge durante las tormentas que caen sobre el Ártico y cuya limitadísima producción tan sólo se comercializa en siete países del mundo.
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